El encuentro. Amor virtual
Estaba nervioso, sentía un vacío en el estomago a causa de la ansiedad, ¿qué pasaría si no le agradaba?, sabía que habíamos pasado muchas noches creando historias y conversando, pero eso siempre había sido a través de una pantalla, y ahora sería diferente, después de casi dos años de romance cibernético nos conoceríamos por primera vez, encendí un cigarro, llevaba mas de dos meses sin fumar, pero la situación lo ameritaba, ¿me reconocería?, ¿la reconocería yo a ella?, miles de preguntas seguían girando en mi cabeza, levante la vista y entre toda la gente que a esa hora colmaba el paseo ahumada la vi, caminaba lentamente como si nada de lo que tenia alrededor importara, se acercaba lentamente hacia mí, todos sus movimientos me parecían exquisitos, estaba totalmente embrujado ante su presencia, ella aún no me había visto pero yo no podía despegar los ojos de ella, cada vez estaba mas cerca, ya todas mis dudas de habían disipado, pensé en ir a su encuentro pero estaba pegado al suelo, ¿como la saludaría?, ¿le daría un abrazo?, ¿un beso de amigo o uno en los labios?, nuevamente me sentí aterrado, mis piernas comenzaron a temblar, nuevamente pensé en huir de ahí cuando me vio.
A partir de ese instante todo fue magia, al ver dentro de sus ojos supe que no tenia nada que temer y que solo debía dejarme llevar por mis sentimientos, todo lo demás sería mágico, como siempre lo había sido entre nosotros, todo a mi alrededor me pareció fuera de lugar, las personas los ruidos, todo era un molesto decorado para tan sublime momento, lentamente mis sentidos fueron agudizándose, percibiéndola solo a ella, todo mi ser estaba enfocado en su figura, nada me importaba, mis oídos fueron cerrándose a cualquier sonido que no fuera el de sus pasos, mi vista no veía nada mas k sus ojos, mi nariz solo olía su perfume, mi piel ardía por sentir el contacto de la suya y mis labios rogaban por el sabor de sus besos, estábamos frente a frente, ella con la sonrisa mas radiante y sincera que jamás había visto, yo con todo mi ser entregado a ella, tomé su mano sin decir nada y ella cerro sus ojos entregándose a una muy tierna invitación, nos besamos tierna y suavemente, ya nada mas importaba, éramos solo dos personas en una calle vacía, solo escuchaba el latido de su corazón y su suave respiración, temía incluso que mi propio corazón se hubiera detenido, aunque no importaba, todo mi ser estaba enfocado en recordar y grabar cada detalle de este momento, lentamente me aleje de ella sin soltar sus manos, nos miramos y sonreímos, comenzamos a caminar en silencio por calles desiertas solo éramos ella y yo, no necesitábamos palabras para demostrarnos lo que sentíamos en ese momento, llegamos al parque forestal y ahí nos detuvimos un momento, nos sentamos en el pasto y nos dimos un largo beso, por fin me atreví a hablarle:
¿Qué quieres hacer le pregunte?
No lo sé, me dijo, tú eres quien conoce esta cuidad.
Sonreí sin saber que decirle, todo era tan hermoso, tan perfecto, un sentimiento de profunda tristeza me invadió de súbito.
¿Qué sucede? Me dijo mirándome a los ojos, tienes una mirada demasiado triste, ¿te encuentras bien?
Mejor que nunca, respondí, y ese es el principal problema, se que mañana volverás a tu cuidad y a tu vida, y esto solo será un bello recuerdo, pero mi alma estará por siempre vacía al llevarte tú todo el amor que tengo por ti, mis labios estarán por siempre áridos al no poder nutrirse con los tuyos, mis oídos ensordecerán al no oír tu voz, mis ojos se negaran a ver por no poder mirarte, y mis manos se negarán a volver a tocar otras que no sean las tuyas.
¿Quieres que me vaya?, creo que es lo mejor que puedo hacer, se puso de pie y comenzó a caminar, pero se detuvo solo a dos pasos, me miró y sonrió:
Sé que nuca podremos estar juntos, al menos no en esta vida, pero no puedo alejarme de ti sin llevarme el olor de tu piel, el sabor de tus besos, el tacto de tus manos y el sonido de tu respiración junto a mi oído.
Extendió sus manos con las palmas hacia arriba, demostrándome que ella estaba tan desarmada como yo, me puse de pié y las tomé entre las mías, nos besamos esta vez con mas intensidad y comenzamos a caminar hacia mi departamento lentamente, sin hablarnos, como si alguna palabra pudiera estropear este momento, como si con cada paso que diéramos fuéramos acumulando un poco mas de placer, era como si quisiéramos hacer de este momento un momento eterno.
Caminábamos sin fijarnos en nada, éramos solo dos amantes sin nada mas alrededor, nadie nos podía ver, nadie nos escuchaba, éramos dos siluetas entre calles desiertas, solo escuchaba sus pasos, el latido de su corazón y su respiración, llegamos al departamento y la invité a entrar, por un momento una sombra de duda nubló su rostro, pero solo fue un segundo, al instante sonrió y su rostro se iluminó de nuevo, estaba radiante, preciosa, su belleza no tenia límites, pensé en poner música pero sabia que solo sería un estorbo, comenzamos a besarnos tiernamente, sabiendo lo que venia, disfrutando cada momento, acumulando el máximo de placer, tocándonos por primera vez, sintiendo nuestros cuerpos, conociendo nuestras formas, lentamente entre besos y risas llegamos a mi cuarto, ella se recostó de espaldas en mi cama mirándome con una expresión de placer y amor que nunca antes había visto en los ojos de una mujer, quizás era por que sabíamos que esta sería la única vez, por eso ambos estábamos dispuestos a no guardarnos nada, estiro sus brazos hacia mí y yo me deje llevar hacia su mundo.
Nos desnudamos lentamente el uno al otro, mirándonos sin vergüenza cada detalle de nuestros cuerpos, nos contemplamos largamente sonriéndonos tocándonos, pero sin hablar, sabíamos que cualquier cosa que nos dijéramos en un momento así podría romper la magia, incluso sonar falso o tan sincero que podía dejar una marca imborrable en nuestros corazones, nos besamos y nos entregamos al mas antiguo placer, besándonos y recorriéndonos con nuestras manos y bocas, sintiendo como nuestros cuerpos se estremecían al contacto de nuestras manos, gimiendo de placer al contacto de nuestro labios, hicimos el amor primero larga y pausadamente, luego de manera mas apasionada, abrazándonos fuertemente pero sin hacernos daño, ella sobre mí, yo sobre ella, solo éramos un cuerpo que se había fusionado al momento de yo entrar en ella, sabía que la amaba pero no podía decirlo ya que el daño seria demasiado grande, cerré mis ojos justo en el momento que el placer llegaba al máximo, todo fue felicidad, nos abrazamos fuertemente y así nos quedamos uno al lado del otro sin decir una palabra recostados rodeados de oscuridad.
Tenidos allí muy cerca el uno del otro, sentíamos como se mezclaban nuestras respiraciones y como se iban alejando cada vez mas, perdiéndose en un trance eterno.
Lentamente abrí mis ojos y al hacerlo comenzó a filtrarse suavemente la luz entre mis párpados, junto con la claridad comenzaron a llegar los sonidos del ambiente, cada vez más y más, sus latidos, su respiración, murmullos, risas, gritos, bocinas, motores, todo un mar de sonidos invadió mis oídos al mismo tiempo que abría por completo mis ojos quedando cegado un instante por la luz que brillaba ante mí, parpadie un par de veces y la miré fijamente y ví que ella también me miraba, sonreí con una sonrisa llena de amor y sinceridad y ella me regalo la más dulce y linda sonrisa que jamás hubiera visto, por un instante todo volvió a detenerse, luego ella bajo la vista y ambos comenzamos a caminar, alejándonos lentamente sin mirar atrás, habiéndonos entregado todo lo que debíamos y deseabamos.
Fin.
miércoles, octubre 10, 2007
lunes, agosto 20, 2007
Que se sentira que mueran tus amigos?
ayer me hice esa pregunta cuando me enteré que a mi abuela se le murió una de las últimas vecinas que le van quedando, su mejor amiga se fue hace tiempo y desde ahi ha ido viendo como van muriendo una a una las personas con las cuales vivió toda una vida, mi abuelo murío hace mas de 10 años y de ahi ella ha vivido sola, por que quiere mas que por falta de cariño, pero que se le va a hacer, es una vieja enchapada a la antigua, se cree italiana, ha vivido toda su vida en ese barrio, vio crecer a sus hijos ahi, en esa misma casa murio la persona a quien amó durante mucho tiempo, vio a sus hijos encontrar pareja en ese mismo barrio, en fin, podria estar toda una noche enumerando eventos, pero la idea de este escrito no es esa, si no mas bien pensar que será lo que pasa por la cabeza cuando uno va viendo como desaparece la gente..., quisas uno piensa, ya luego me tocará a mi, o, ojalá que no me toque, todo depende del miedo que uno le tenga a la muerte, o del cariño que uno le tenga a la vida, no lo se, cada vez que miro a mi abuela mas me aterra la vejez, su soledad, el vivir de una vida que ya fue, rodeado de fantasmas y recuerdos, haciendo la misma rutina que durante años acompaño nuestros dias, hay una propaganda en el cable de un abuelo que habla de la perdida de su esposa, y dice una frace que ha sonado todos los dias desde que la ví en mi cabeza, "hay cosas con las cuales se puede vivir, pero uno no se acostumbra" espero que ese día no llegue aunque sé que es inevitable, no por miedo a la muerte, sino que a la vejez y a la soledad.
ayer me hice esa pregunta cuando me enteré que a mi abuela se le murió una de las últimas vecinas que le van quedando, su mejor amiga se fue hace tiempo y desde ahi ha ido viendo como van muriendo una a una las personas con las cuales vivió toda una vida, mi abuelo murío hace mas de 10 años y de ahi ella ha vivido sola, por que quiere mas que por falta de cariño, pero que se le va a hacer, es una vieja enchapada a la antigua, se cree italiana, ha vivido toda su vida en ese barrio, vio crecer a sus hijos ahi, en esa misma casa murio la persona a quien amó durante mucho tiempo, vio a sus hijos encontrar pareja en ese mismo barrio, en fin, podria estar toda una noche enumerando eventos, pero la idea de este escrito no es esa, si no mas bien pensar que será lo que pasa por la cabeza cuando uno va viendo como desaparece la gente..., quisas uno piensa, ya luego me tocará a mi, o, ojalá que no me toque, todo depende del miedo que uno le tenga a la muerte, o del cariño que uno le tenga a la vida, no lo se, cada vez que miro a mi abuela mas me aterra la vejez, su soledad, el vivir de una vida que ya fue, rodeado de fantasmas y recuerdos, haciendo la misma rutina que durante años acompaño nuestros dias, hay una propaganda en el cable de un abuelo que habla de la perdida de su esposa, y dice una frace que ha sonado todos los dias desde que la ví en mi cabeza, "hay cosas con las cuales se puede vivir, pero uno no se acostumbra" espero que ese día no llegue aunque sé que es inevitable, no por miedo a la muerte, sino que a la vejez y a la soledad.
miércoles, junio 13, 2007

ya que el otro estaba repetido aqui dejo este otro escrito, suerte
adeUC
Cita con el destino.
Al amanecer, él despertó con unas enormes ganas de vivir y de encontrar su destino, se levanto de un brinco de su cama y dio gracias a Dios por vivir un día mas, sintió el frío del piso en sus pies descalzos y camino sin prisa al baño.
Esa mañana el cielo estaba cubierto por unas tristes nubes grises que ocultaban el sol, pero eso no impidió que él llevara a cabo su plan, él quería encontrar su destino y no iba a dejar que un par de nubes lo detuvieran. El pensó que la mejor forma de hacerlo era en el mar, la idea se le vino a la cabeza cuando estaba en la ducha y miraba como el agua caía a través de la rendija del desagüe y recordando la letra de una canción de los cadillac “todo va hacia el mar, todo va hacia el mar...” pensó , por que no?, sonrió y dejo que el agua mojara su rostro.
Era cerca del medio día cuando él dejo su casa para acercarse a la orilla del mar, sacó su barca de la orilla y se hizo a la mar, navegó cerca de dos horas antes de que la tormenta llegara, solo Dios sabia lo que le esperaba.
Al navegar él solo pensaba en que seiba a encontrar al terminar su viaje, como no llevaba mapa alguno, solo se dejaba llevar por las corrientes, estaba medio dormido por el lento movimiento de las olas y el crujido de las tablas, cuando un fuerte trueno lo despertó, al mirar vio que un gran diluvio se le venia encima y una gran ola cubrió su bote, ya era muy tarde para regresar.
Despertó rodeado de agua y vio un universo para él desconocido, con peces y colores que jamás hubiese soñado siquiera ver, avanzó lentamente para no ahuyentarlos y se dio cuenta que su cuerpo era muy liviano y un rayo de preocupación paso por su mente, pero un enorme pez que pasó frente a sus ojos le distrajo su atención.
Él siguió bajando lentamente y con un poco de precaución, observando el maravilloso universo que lo rodeaba, las extrañas plantas que danzaban al ritmo de las corrientes, los colores brillantes que desaparecían al acercárseles y lo hermoso que se veían los rayos de sol que penetraban como espadas la superficie del mar, nuevamente la preocupación se le vino a la cabeza y sin saber por que deseó subir y salir de ahí rápidamente, pero cuando la mente comenzaba a aclarársele, vio una enorme ave marina que volaba sobre el mar aleteando lentamente, demostrando que ahí solo había paz y tranquilidad, nadó para alcanzarla y tocarla ya que solo había oído de ellas pero nunca había visto ni menos tocado una manta raya, rió mas alegre que nunca, ya que su piel era suave y fría, se afirmó a ella y comenzó a volar... El ángel del mar lo llevó a conocer las profundidades y los rincones mas recónditos del océano, los mas oscuros y los mas desconocidos, allí vio aquellos monstruos marinos de los cuentos de hadas, paisajes inimaginables, criaturas totalmente desconocidas, pero nuevamente la preocupación empañó sus pensamientos, se acordó que las leyendas decían que la manta era el ave del diablo y cosas por el estilo y rió de su estupidez, pero de pronto su cara palideció, no pudo pensar mas que en una cosa, la más importante, y comprendió el porque de su preocupación, se volvió y trató de nadar, subir, pero ya era muy tarde para pensar en respirar...
Fin.
Al amanecer, él despertó con unas enormes ganas de vivir y de encontrar su destino, se levanto de un brinco de su cama y dio gracias a Dios por vivir un día mas, sintió el frío del piso en sus pies descalzos y camino sin prisa al baño.
Esa mañana el cielo estaba cubierto por unas tristes nubes grises que ocultaban el sol, pero eso no impidió que él llevara a cabo su plan, él quería encontrar su destino y no iba a dejar que un par de nubes lo detuvieran. El pensó que la mejor forma de hacerlo era en el mar, la idea se le vino a la cabeza cuando estaba en la ducha y miraba como el agua caía a través de la rendija del desagüe y recordando la letra de una canción de los cadillac “todo va hacia el mar, todo va hacia el mar...” pensó , por que no?, sonrió y dejo que el agua mojara su rostro.
Era cerca del medio día cuando él dejo su casa para acercarse a la orilla del mar, sacó su barca de la orilla y se hizo a la mar, navegó cerca de dos horas antes de que la tormenta llegara, solo Dios sabia lo que le esperaba.
Al navegar él solo pensaba en que seiba a encontrar al terminar su viaje, como no llevaba mapa alguno, solo se dejaba llevar por las corrientes, estaba medio dormido por el lento movimiento de las olas y el crujido de las tablas, cuando un fuerte trueno lo despertó, al mirar vio que un gran diluvio se le venia encima y una gran ola cubrió su bote, ya era muy tarde para regresar.
Despertó rodeado de agua y vio un universo para él desconocido, con peces y colores que jamás hubiese soñado siquiera ver, avanzó lentamente para no ahuyentarlos y se dio cuenta que su cuerpo era muy liviano y un rayo de preocupación paso por su mente, pero un enorme pez que pasó frente a sus ojos le distrajo su atención.
Él siguió bajando lentamente y con un poco de precaución, observando el maravilloso universo que lo rodeaba, las extrañas plantas que danzaban al ritmo de las corrientes, los colores brillantes que desaparecían al acercárseles y lo hermoso que se veían los rayos de sol que penetraban como espadas la superficie del mar, nuevamente la preocupación se le vino a la cabeza y sin saber por que deseó subir y salir de ahí rápidamente, pero cuando la mente comenzaba a aclarársele, vio una enorme ave marina que volaba sobre el mar aleteando lentamente, demostrando que ahí solo había paz y tranquilidad, nadó para alcanzarla y tocarla ya que solo había oído de ellas pero nunca había visto ni menos tocado una manta raya, rió mas alegre que nunca, ya que su piel era suave y fría, se afirmó a ella y comenzó a volar... El ángel del mar lo llevó a conocer las profundidades y los rincones mas recónditos del océano, los mas oscuros y los mas desconocidos, allí vio aquellos monstruos marinos de los cuentos de hadas, paisajes inimaginables, criaturas totalmente desconocidas, pero nuevamente la preocupación empañó sus pensamientos, se acordó que las leyendas decían que la manta era el ave del diablo y cosas por el estilo y rió de su estupidez, pero de pronto su cara palideció, no pudo pensar mas que en una cosa, la más importante, y comprendió el porque de su preocupación, se volvió y trató de nadar, subir, pero ya era muy tarde para pensar en respirar...
Fin.
Dago®
domingo, junio 03, 2007

Figuras en el mar.
Todo comenzó una noche como cualquier otra, ya eran casi las tres de la madrugada cuando comencé a fumar mi último tabaco del día en la pipa de mi padre, ya no quedaba ron el la botella, pero aún la sostenía en mi mano, el cielo estaba alumbrado por miles de estrellas y una luna llena que brillaba con tal potencia, que bañaba de amarillo y dorado el mar.
Estaba totalmente hechizado por el sonido de las olas estrellándose en la orilla y el viento en mi cara aceleraba el efecto del ron en mi cerebro, me disponía a volver a casa cuando vi una silueta tendida en la playa con sus piernas sumergidas en el agua, pensé que esa visión era producto del alcohol y frote mis ojos para despertar y poder ver mejor, pero seguía viendo lo mismo, me levanté para acercarme hasta él o ella y perdí el equilibrio a causa de las copas de más y rodé por las rocas en que estaba sentado hasta caer en la arena, el golpe fue fuerte, pero me levanté inmediatamente para poder contemplar esa extraña figura que yacía tirada en la playa, pero fue grande mi sorpresa al ver que esa figura no estaba, no supe cuanto tiempo había estado tirado en la arena, lo que para mí había sido un segundo, fue unas cuantas horas de inconciencia, ya que al mirar nuevamente la luna que antes estaba sobre mí, ahora solo la podía ver perdiéndose en la inmensidad del mar.
Llegué a mi casa a eso de las seis y no podía alejar de mi cabeza esa extraña silueta recostada en la playa, producto del alcohol, mi imaginación o totalmente real, seguía ahí, una creatura creada por Dios al igual que yo, lo extraño era que sin poder asegurar que era una mujer, algo dentro de mí me indicaba que así era, decidí irme a descansar, ya que me esperaba una larga jornada de trabajo, no sin antes invocar a la supuesta mujer de la playa en mis sueños, así fue como comenzó todo.
Al terminar mi día de trabajo me dirigí nuevamente a la playa con la esperanza de encontrar a la musa que había inspirado mis sueños, ¡casi caí de emoción al ver que ahí estaba!, pero no me atreví a acercarme mas a ella, tenia incluso un poco de miedo, así que me conforme solo con mirarla de lejos hasta que el sueño me venció...
Desperté con el ruido del aleteo y el griterío de las gaviotas, mi mano estaban congeladas y al ponerme de píe, me di cuenta que el resto de mi cuerpo y mis huesos también, la mañana estaba nublada y el frío calaba los huesos, así y todo tuve que ir a trabajar.
Pasaron semanas con la misma rutina, ella acostada allá, lejos en la playa, (ya no tenía duda de que era real y que debía ser una mujer), y yo acá sentado en la misma roca donde escribo ahora este relato, a mas de cien metros de ella, hasta que una noche me decidí, ya no podía esperar ni aguantar más, tenía que salir de esa incertidumbre, era ahora o nunca, esa noche estaba totalmente sobrio, y solo respiré hondo y partí, nuevamente la luna estaba totalmente llena y clara sobre mí, llenando de plateado y dorado la vista, al acercarme a ella mi corazón comenzó a latir cada vez mas aprisa, me detuve un momento para tomar aire y encender la pipa pero sin quitarle la vista de encima por temor a que desapareciera, seguí caminando cada vez mas rápido, mi corazón ya no cabía en mi pecho y en cualquier momento saltaría por mi boca, el sudor cubría mi cuerpo, mi cabeza estaba a punto de estallar, parecía que toda la sangre de mi cuerpo era bombeada hasta ella, mis ojos me ardía, mi vista se nublaba, mi cara debía estar roja al igual que todo mi cuerpo, un enorme calor brotaba de mi bajo vientre si saber porqué, inundando todo mi cuerpo a pesar del frío reinante, seguía caminando, una bocanada grande de aire y otra de humo, ese era mi ritmo, a medida que me acercaba a ella comencé a sentir un aroma muy fuerte, un olor parecido a algas, pescado fresco, a mar, que me hizo recordar la caleta, mi trabajo, mi primera novia, a la cual poseí en medio de pescados frescos, en la bodega de mi barco, comencé a sentir como se endurecía mi entrepierna y se tensaba mi pantalón a medida que el olor era mas fuerte, de pronto algo me detuvo, ¿qué le iba a decir?, ¿qué diablos le diría cuando la tuviera en frente?, estaba a punto de dar media vuelta y regresar por donde había venido cuando ella me miró y me sonrió, al mirar su belleza sentí que mis piernas se derretían y me dejé caer en la arena, ella volvió a sonreír y me invitó a acercarme con un gesto de su mano, al cual yo respondí arrastrándome por la arena hasta donde ella estaba ya que no me sentía con fuerzas para poder ponerme nuevamente de píe, me senté a su lado y la contemple por un largo rato, hasta que ella rompió mi silencio con una pregunta:
- ¿Por qué has tardado tanto en acercarte a mí?, yo he estado acá todas las noches esperando por ti y tu solo mirabas desde lejos -
Quedé absorto, totalmente sorprendido, nunca pensé que ella supiera de mi presencia todas esas noches. Cuando traté de articular algún tipo de respuesta ella me detuvo poniendo dos de sus dedos en mi boca:
- Ya hemos perdido demasiado tiempo, me dijo, te necesito, necesito tu calor antes que sea demasiado tarde -
Antes de que pudiera entender algo de lo que decía, comenzó a desabotonar mi camisa...
Ella llevaba un vestido blanco semi-transparente, y a juzgar por como se marcaba su cuerpo en el, no traía nada debajo. Cuando estuve completamente desnudo, ella comenzó a besar mi cuerpo que al sentir el contacto de sus labios se lleno de todo tipo de escalofríos, yo aún no entendía nada, pero no podía perder esta oportunidad, traté de quitar el vestido de sus hombros y ella se acercó lentamente, me abrazó y al oído me dijo:
- Anda, no tengas miedo, esta noche seré tuya -
Sus pechos quedaron frente a mi, eran grandes y hermosos, perfectos, el resplandor de la luna les daba un tono dorado, casi blancuzco, al tocarlos sentí la frialdad de su cuerpo pero al mismo tiempo un calor inundó el mío y quemó mis manos. Cuando traté de quitarle el vestido por completo ella me detuvo, se abalanzó hacia mí llenando mi cuerpo de besos y caricias como nunca antes lo habían echo, se subió sobre mí y me pidió que la tomara, nunca quiso quitarse completamente el vestido, aunque yo se lo había pedido, pero a esas alturas ya que importaba...
Esa noche hicimos el amor, fue algo genial, perfecto, indescriptible, subir y bajar del cielo cuantas veces deseara, ver como sus pechos danzaban al ritmo de mi cuerpo... y me perdí, desaparecí entre besos y caricias hasta que no supe mas del mundo real...
Desperté tirado en la orilla del mar, totalmente vestido, lo único que podía pensar era que todo había sido un grandioso sueño, pero su aroma estaba impregnado en mi ropa y su vestido estaba junto a mí, ese día no fui a trabajar, no me sentía con ánimos de ir a la caleta, lo único que cabía en mi mente era su figura. Seguí yendo a la playa todas las noches, pero mis esfuerzos eran en vano, nunca volvería a verla, sentía deseos de pararme en medio del mar y gritar su nombre, pero ni siquiera lo sabía, así pasaron meses y perdí todas las esperanzas de volver a verla, de tanto pensar en ella recordé una historia que me había contado mi abuelo, era acerca de una mujer en la playa, que él se había enamorado y que nunca la había vuelto a ver, pero no recordaba mas, sabía que había olvidado algo importante pero no podía precisar que, con esta y muchas ideas en la cabeza, seguí sentándome todas las noches en la misma piedra, bebiendo ron y fumando pipa, invocándola con mi pensamiento, pero sin obtener respuesta.
Una mañana en la caleta sentí un gran alboroto, ya hacían casi seis meses de mi extraño encuentro, gente corría, otros gritaban y reían, algunos lloraban, la curiosidad me sacó de la cama y fui a ver que era lo que pasaba, pero cuando me dirigía hacia allá un mal presentimiento cruzó como un rayo por mi cabeza, ya estaba cerca y comenzaba a entender lo que la gente hablaba, un sentimiento extraño me impulsó a correr, veía algo entre las redes de un barco, toda la gente que ahí estaba decía palabras de asombro o solamente se limitaba a gritar, hasta que alguien mencionó sirena, mi cuerpo tambaleó, mis oídos zumbaron, mi corazón se aceleró y mi abuelo se me vino a la cabeza, esa era la historia, cada cierto tiempo las sirenas vienen a la tierra a ser fecundadas por un marino para así preservar su especie, ya que en ella no existen machos, al menos eso era lo que mi abuelo decía que le había sucedido a él, pero era un borracho, no podía estar diciendo la verdad, todo era producto de su imaginación, pero yo nunca pude ver sus piernas, no, no podía ser, era imposible, a menos que... , comencé a correr más y más aprisa, sentía las voces cada vez mas fuertes pero no las entendía, vi a alguien que enterraba un cuchillo en su cuerpo, ya no había duda, mi abuelo decía la verdad, corrí, alguien gritó, todo se llenó de gritos y murmullos de sorpresa y terror, fue tarde cuando por fin pude abrirme paso entre la gente y llegar hasta donde ella estaba y ver su cuerpo azulino y plateado con sus grandes pechos y su cola doblada hacia un lado, abierta de pies o cola si se pudiera decir a cabeza como un gran pescado yacía mi amor tirada en el muelle, pero lo que me impactó mas que su cuerpo he hizo estallar mis lágrimas, fue ver a mi hija en su vientre, reposando junto a ella...
Fin.
Todo comenzó una noche como cualquier otra, ya eran casi las tres de la madrugada cuando comencé a fumar mi último tabaco del día en la pipa de mi padre, ya no quedaba ron el la botella, pero aún la sostenía en mi mano, el cielo estaba alumbrado por miles de estrellas y una luna llena que brillaba con tal potencia, que bañaba de amarillo y dorado el mar.
Estaba totalmente hechizado por el sonido de las olas estrellándose en la orilla y el viento en mi cara aceleraba el efecto del ron en mi cerebro, me disponía a volver a casa cuando vi una silueta tendida en la playa con sus piernas sumergidas en el agua, pensé que esa visión era producto del alcohol y frote mis ojos para despertar y poder ver mejor, pero seguía viendo lo mismo, me levanté para acercarme hasta él o ella y perdí el equilibrio a causa de las copas de más y rodé por las rocas en que estaba sentado hasta caer en la arena, el golpe fue fuerte, pero me levanté inmediatamente para poder contemplar esa extraña figura que yacía tirada en la playa, pero fue grande mi sorpresa al ver que esa figura no estaba, no supe cuanto tiempo había estado tirado en la arena, lo que para mí había sido un segundo, fue unas cuantas horas de inconciencia, ya que al mirar nuevamente la luna que antes estaba sobre mí, ahora solo la podía ver perdiéndose en la inmensidad del mar.
Llegué a mi casa a eso de las seis y no podía alejar de mi cabeza esa extraña silueta recostada en la playa, producto del alcohol, mi imaginación o totalmente real, seguía ahí, una creatura creada por Dios al igual que yo, lo extraño era que sin poder asegurar que era una mujer, algo dentro de mí me indicaba que así era, decidí irme a descansar, ya que me esperaba una larga jornada de trabajo, no sin antes invocar a la supuesta mujer de la playa en mis sueños, así fue como comenzó todo.
Al terminar mi día de trabajo me dirigí nuevamente a la playa con la esperanza de encontrar a la musa que había inspirado mis sueños, ¡casi caí de emoción al ver que ahí estaba!, pero no me atreví a acercarme mas a ella, tenia incluso un poco de miedo, así que me conforme solo con mirarla de lejos hasta que el sueño me venció...
Desperté con el ruido del aleteo y el griterío de las gaviotas, mi mano estaban congeladas y al ponerme de píe, me di cuenta que el resto de mi cuerpo y mis huesos también, la mañana estaba nublada y el frío calaba los huesos, así y todo tuve que ir a trabajar.
Pasaron semanas con la misma rutina, ella acostada allá, lejos en la playa, (ya no tenía duda de que era real y que debía ser una mujer), y yo acá sentado en la misma roca donde escribo ahora este relato, a mas de cien metros de ella, hasta que una noche me decidí, ya no podía esperar ni aguantar más, tenía que salir de esa incertidumbre, era ahora o nunca, esa noche estaba totalmente sobrio, y solo respiré hondo y partí, nuevamente la luna estaba totalmente llena y clara sobre mí, llenando de plateado y dorado la vista, al acercarme a ella mi corazón comenzó a latir cada vez mas aprisa, me detuve un momento para tomar aire y encender la pipa pero sin quitarle la vista de encima por temor a que desapareciera, seguí caminando cada vez mas rápido, mi corazón ya no cabía en mi pecho y en cualquier momento saltaría por mi boca, el sudor cubría mi cuerpo, mi cabeza estaba a punto de estallar, parecía que toda la sangre de mi cuerpo era bombeada hasta ella, mis ojos me ardía, mi vista se nublaba, mi cara debía estar roja al igual que todo mi cuerpo, un enorme calor brotaba de mi bajo vientre si saber porqué, inundando todo mi cuerpo a pesar del frío reinante, seguía caminando, una bocanada grande de aire y otra de humo, ese era mi ritmo, a medida que me acercaba a ella comencé a sentir un aroma muy fuerte, un olor parecido a algas, pescado fresco, a mar, que me hizo recordar la caleta, mi trabajo, mi primera novia, a la cual poseí en medio de pescados frescos, en la bodega de mi barco, comencé a sentir como se endurecía mi entrepierna y se tensaba mi pantalón a medida que el olor era mas fuerte, de pronto algo me detuvo, ¿qué le iba a decir?, ¿qué diablos le diría cuando la tuviera en frente?, estaba a punto de dar media vuelta y regresar por donde había venido cuando ella me miró y me sonrió, al mirar su belleza sentí que mis piernas se derretían y me dejé caer en la arena, ella volvió a sonreír y me invitó a acercarme con un gesto de su mano, al cual yo respondí arrastrándome por la arena hasta donde ella estaba ya que no me sentía con fuerzas para poder ponerme nuevamente de píe, me senté a su lado y la contemple por un largo rato, hasta que ella rompió mi silencio con una pregunta:
- ¿Por qué has tardado tanto en acercarte a mí?, yo he estado acá todas las noches esperando por ti y tu solo mirabas desde lejos -
Quedé absorto, totalmente sorprendido, nunca pensé que ella supiera de mi presencia todas esas noches. Cuando traté de articular algún tipo de respuesta ella me detuvo poniendo dos de sus dedos en mi boca:
- Ya hemos perdido demasiado tiempo, me dijo, te necesito, necesito tu calor antes que sea demasiado tarde -
Antes de que pudiera entender algo de lo que decía, comenzó a desabotonar mi camisa...
Ella llevaba un vestido blanco semi-transparente, y a juzgar por como se marcaba su cuerpo en el, no traía nada debajo. Cuando estuve completamente desnudo, ella comenzó a besar mi cuerpo que al sentir el contacto de sus labios se lleno de todo tipo de escalofríos, yo aún no entendía nada, pero no podía perder esta oportunidad, traté de quitar el vestido de sus hombros y ella se acercó lentamente, me abrazó y al oído me dijo:
- Anda, no tengas miedo, esta noche seré tuya -
Sus pechos quedaron frente a mi, eran grandes y hermosos, perfectos, el resplandor de la luna les daba un tono dorado, casi blancuzco, al tocarlos sentí la frialdad de su cuerpo pero al mismo tiempo un calor inundó el mío y quemó mis manos. Cuando traté de quitarle el vestido por completo ella me detuvo, se abalanzó hacia mí llenando mi cuerpo de besos y caricias como nunca antes lo habían echo, se subió sobre mí y me pidió que la tomara, nunca quiso quitarse completamente el vestido, aunque yo se lo había pedido, pero a esas alturas ya que importaba...
Esa noche hicimos el amor, fue algo genial, perfecto, indescriptible, subir y bajar del cielo cuantas veces deseara, ver como sus pechos danzaban al ritmo de mi cuerpo... y me perdí, desaparecí entre besos y caricias hasta que no supe mas del mundo real...
Desperté tirado en la orilla del mar, totalmente vestido, lo único que podía pensar era que todo había sido un grandioso sueño, pero su aroma estaba impregnado en mi ropa y su vestido estaba junto a mí, ese día no fui a trabajar, no me sentía con ánimos de ir a la caleta, lo único que cabía en mi mente era su figura. Seguí yendo a la playa todas las noches, pero mis esfuerzos eran en vano, nunca volvería a verla, sentía deseos de pararme en medio del mar y gritar su nombre, pero ni siquiera lo sabía, así pasaron meses y perdí todas las esperanzas de volver a verla, de tanto pensar en ella recordé una historia que me había contado mi abuelo, era acerca de una mujer en la playa, que él se había enamorado y que nunca la había vuelto a ver, pero no recordaba mas, sabía que había olvidado algo importante pero no podía precisar que, con esta y muchas ideas en la cabeza, seguí sentándome todas las noches en la misma piedra, bebiendo ron y fumando pipa, invocándola con mi pensamiento, pero sin obtener respuesta.
Una mañana en la caleta sentí un gran alboroto, ya hacían casi seis meses de mi extraño encuentro, gente corría, otros gritaban y reían, algunos lloraban, la curiosidad me sacó de la cama y fui a ver que era lo que pasaba, pero cuando me dirigía hacia allá un mal presentimiento cruzó como un rayo por mi cabeza, ya estaba cerca y comenzaba a entender lo que la gente hablaba, un sentimiento extraño me impulsó a correr, veía algo entre las redes de un barco, toda la gente que ahí estaba decía palabras de asombro o solamente se limitaba a gritar, hasta que alguien mencionó sirena, mi cuerpo tambaleó, mis oídos zumbaron, mi corazón se aceleró y mi abuelo se me vino a la cabeza, esa era la historia, cada cierto tiempo las sirenas vienen a la tierra a ser fecundadas por un marino para así preservar su especie, ya que en ella no existen machos, al menos eso era lo que mi abuelo decía que le había sucedido a él, pero era un borracho, no podía estar diciendo la verdad, todo era producto de su imaginación, pero yo nunca pude ver sus piernas, no, no podía ser, era imposible, a menos que... , comencé a correr más y más aprisa, sentía las voces cada vez mas fuertes pero no las entendía, vi a alguien que enterraba un cuchillo en su cuerpo, ya no había duda, mi abuelo decía la verdad, corrí, alguien gritó, todo se llenó de gritos y murmullos de sorpresa y terror, fue tarde cuando por fin pude abrirme paso entre la gente y llegar hasta donde ella estaba y ver su cuerpo azulino y plateado con sus grandes pechos y su cola doblada hacia un lado, abierta de pies o cola si se pudiera decir a cabeza como un gran pescado yacía mi amor tirada en el muelle, pero lo que me impactó mas que su cuerpo he hizo estallar mis lágrimas, fue ver a mi hija en su vientre, reposando junto a ella...
Fin.
miércoles, marzo 07, 2007
Soy una de las personas que a pesar de lo que digan los medios y la gente egoísta de Santiago aún tengo fe en el transantiago, no negaré que hay muchas cosas por solucionar aún, (falta de recorridos, frecuencia, etc), pero creo que los mayores problemas los está provocando la gente, flaites que andan con las tarjetas sin carga, (después reclamarán cuando les suban las tarifas), y si los choferes les dicen algo los amenazan, tipos tirando el freno de mano en el metro, degenerados aprovechándose de los atochamientos..., me van a decir que esto es nuevo?, yo desde mi periodo escolar que siempre lo he visto, con la diferencia que las micros llenas y los flaites que subían sin pagar lo hacían en las micros amarillas, ojalá que todos cambien la actitud y realmente miren el mapa, se van a dar cuenta que el metro no es la única opción, demás esta decir que el reportaje que hizo lun es una verdadera estupidez, ya que a mis 28 años nunca he visto un chileno feliz por levantarse temprano, siempre lo que se ve en las mañanas son caras largas. Quizás yo he tenido demasiada suerte, pero en las mañanas tomo dos troncales me demoro menos y en el primer troncal me voy sentado, camino dos cuadras mas pero por que me gusta ya que podría tomar una tercera micro gratis.
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